Durante 2025, el peso mexicano se fortaleció frente al dólar de manera considerable. A principios de año, el tipo de cambio fluctuaba entre 20 y 21 pesos por dólar, mientras que en el periodo analizado rondaba los 18.75 pesos. Esta apreciación tuvo efectos en nuestra vida diaria y en las finanzas personales, aunque no de la misma manera para todos.

En esta entrada te explico a quién benefició realmente el peso fuerte durante 2025, por qué y a quién pudo perjudicar.

Consumidor: más poder de compra

Cuando la moneda local se fortalece, las compras vinculadas al exterior se abaratan. Por ejemplo, si apartabas 20,000 pesos para un viaje a Estados Unidos, con un dólar a 18.70 obtenías unos 1,070 dólares; con un tipo de cambio de 20.50, habrías recibido cerca de 975. Era como “ganar” 95 dólares sin cambiar tu presupuesto. Lo mismo pasa con tecnología, ropa importada, partes automotrices o servicios cotizados en dólares. Este respiro no elimina la inflación internacional ni los costos logísticos, pero sí suaviza la cuenta final. Además, un peso firme ayuda a contener precios internos de bienes con alto componente importado. 

Exportadores: ingresos en pesos más bajos

El reverso de la moneda lo viven quienes venden al exterior y cobran en dólares. Si una empresa exporta 10,000 dólares mensuales, con 20.50 pesos por dólar facturaba 205,000 pesos; con 18.70, apenas 187,000. Sin cambiar el volumen ni el precio, sus ingresos en moneda local habrían caído alrededor de un 9%. Para sostener márgenes, muchas compañías revisan listas de precios, renegocian contratos, buscan eficiencia operativa o instrumentan coberturas cambiarias. En industrias con competencia global —automotriz, agro, manufactura ligera— esta presión se siente rápido en caja. 

Remesas: menos pesos por el mismo dólar

Para hogares que dependen de envíos desde el exterior, el “superpeso” reduce el monto neto recibido. Si una familia recibía 500 dólares mensuales, a un tipo de cambio de 20.50 obtenía 10,250 pesos; a 18.70, recibía cerca de 9,350. Esa diferencia de 900 pesos mensuales podía obligar a las familias a ajustar sus prioridades. En contextos así, conviene sincronizar el cambio de divisas con necesidades reales de flujo, explorar transferencias con tipo de cambio “cierre del día” más competitivo y, si se puede, programar el envío cuando el mercado esté más favorable. 

Deuda en dólares: alivio de caja

Las empresas —e incluso las personas— con pasivos en dólares experimentaron un respiro. Pagar 50,000 dólares al mes equivalía a 1,025,000 pesos con un tipo de cambio de 20.50; a 18.70, el pago era de 935,000 pesos. Ese ahorro puede reorientarse a capital de trabajo, inversión o amortización anticipada. Ojo: si tu ingreso está mayoritariamente en pesos y tu deuda en dólares, un tramo de apreciación es buena noticia, pero no borra el riesgo de rebote. Por ello, durante aquel periodo era prudente evaluar pagos anticipados o contratar coberturas cambiarias si la deuda representaba un monto importante para el negocio.

Inflación y precios: la transmisión no es automática

Un tipo de cambio más fuerte tiende a abaratar insumos importados y a moderar la inflación, pero la baja no se traslada uno a uno al anaquel. Hay inventarios valorados a tipos de cambio anteriores, contratos de suministro a precio fijo y costos logísticos que no dependen del dólar. Aun así, un peso sólido sí quita presión a rubros como combustibles, farmacéuticos o electrónicos, y eso ayuda a que la canasta no se dispare. En paralelo, el entorno global de tasas sigue influyendo. Parte del atractivo del peso se ha explicado por diferenciales de tasa y expectativas de dólar más débil; si esa tendencia cambia, el tipo de cambio puede corregir. En aquel momento, algunas casas anticipaban que, en los siguientes 12 meses, el peso podría ceder parte de lo ganado y rondar los 19.8 por dólar. Era un pronóstico que debía tomarse en cuenta al evaluar decisiones con un horizonte largo, no una certeza sobre el comportamiento futuro del tipo de cambio.

¿Qué hacer según tu caso?

Para quienes planeaban viajar o pagar colegiaturas en el extranjero durante los meses siguientes, adelantar algunas compras en dólares podía ser sensato; no se trataba de “adivinar el piso”, sino de cerrar precios cuando el tipo de cambio resultaba favorable. Para quienes importaban mercancía, aquel era un momento para negociar volúmenes, revisar listas y proteger los márgenes con precios de referencia en pesos. Para quienes exportaban, una opción era evaluar el escalonamiento de cobros, fijar bandas de precios y utilizar forwards o NDF con su banco para estabilizar los flujos; incluso cubrir una parte de las operaciones podía reducir la incertidumbre de un mes a otro. Para quienes recibían remesas, era importante ajustar el presupuesto y los calendarios de cambio. Coordinar con quien enviaba el dinero para consolidar transferencias y buscar mejores condiciones podía ayudar a obtener más pesos por los dólares recibidos. Y si tu estrategia de ahorro incluye dólares, comprar de forma dosificada puede ayudarte a distribuir el riesgo cambiario. La diversificación por plazos disminuye el riesgo de concentrar toda la compra en un momento desfavorable.

En conclusión, el peso fuerte no fue “bueno” o “malo” en todos los casos: representó un cambio en los precios relativos que afectó de manera distinta a cada persona. Durante el periodo analizado, favoreció a consumidores, viajeros, importadores y deudores en dólares; por su parte, complicó la situación de exportadores y hogares que dependían de las remesas. La lección sigue siendo útil: identifica cómo te afecta el tipo de cambio, protege tus flujos si tienes ingresos o deudas en divisas y toma decisiones con un horizonte definido, no en función del ruido del día. En El Peso del Dinero insistimos en lo mismo: no confíes tanto en una predicción, sino en el proceso. Tus finanzas deben resistir la marea, no depender de ella.

Si te interesó esta entrada, tal vez quieras leer 4 opciones para invertir con poco dinero (menos de $2,000 pesos).

Aprende a tomar mejores decisiones con tu dinero

El tipo de cambio es un ejemplo de cómo los cambios económicos pueden afectar nuestras decisiones financieras de distintas maneras. Pero, más allá de intentar anticipar qué hará el dólar, contar con un presupuesto, definir tus metas y tomar decisiones de ahorro e inversión acordes con tu situación puede ayudarte a construir una estrategia financiera más sólida.

En mi libro Money Boss: Conviértete en el Jefe de tus Finanzas comparto herramientas y conocimientos prácticos para organizar tus finanzas personales, ahorrar, salir de deudas e invertir de acuerdo con tus objetivos. Si quieres aprender a tomar mejores decisiones con tu dinero, puedes conocerlo aquí: